SOLO POR HOY, QUE TODO FLUYA Y QUE NADA INFLUYA
Solo por hoy, permite que todo fluya y nada influya. Únicamente por hoy, evita que la adversidad sea ese peso capaz de hundirte, frustrando tus esperanzas y tu aliento por vivir. Solo por hoy deja ir todo aquello que te influye con sus vientos oscuros, libérate de lo que borra tus sonrisas y, sencillamente, avanza…
Estos sencillos principios deberíamos tenerlos presentes no hoy, sino todos los días. Porque cada mañana cuando abrimos los ojos a nuestra nueva jornada, nos enfrentamos a nuevos retos y a tantos desafíos que por un momento, llegamos a convencernos a nosotros mismos, de que nos estamos olvidando de ser felices.
"Deja
fluir, no te aferres a los resentimientos, no te apegues a los miedos ni a
quien desea cortarte las alas. Porque todo tiene su momento y cada momento, esa
oportunidad que solo llegará si tienes la mente tranquila y el corazón
encendido"
Todos, de algún modo, somos cautivos de algo o de alguien. Nos afecta las palabras de ese compañero de trabajo tan fatalista, nos influye lo que nuestras parejas esperen de nosotros, nos preocupa llegar al final del día sin haber cumplido esos objetivos, que nosotros mismos, nos hemos propuesto en la agenda…
Estamos tan aferrados a la selva de las influencias y las autoexigencias que dejamos que gran parte de nuestra energía vital se esfume como el humo que desaparece por una ventana abierta. Aún más, en un interesante estudio llevado a cabo en la Universidad de Harvard, se concluyó que una de las fuentes más comunes de infelicidad es practicar lo que se conoce como “la mente errática”.
Las personas pasamos gran parte de nuestro tiempo preocupándonos por cosas que ya han pasado, o peor aún, que aún no han sucedido. Es una forma más de “cautividad”. Según el autor de este estudio, el doctor Daniel T. Gilbert, una mente errante es una mente infeliz. En el momento en que nuestro cerebro se desplaza del presente dejamos de comprometernos con la felicidad Dejamos de comprometernos con nosotros mismos.
Lejos de permanecer cautivos en esa mente errática influenciada por el ruido ajeno, por las expectativas ajenas, por los equívocos del ayer y los miedos del mañana, es momento de “levantar el ancla” y permitir que todo fluya y nada influya…
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